Empieza por la necesidad, no por el tamaño de la lista
Una categoría ayuda cuando todavía no tienes un producto concreto, pero sí sabes qué problema quieres resolver. Ropa, zapatillas o accesorios pueden servir como primer nivel; después conviene bajar a una familia más específica.
Una sección grande no es necesariamente más útil. El objetivo es que los resultados compartan criterios comparables.
Elige el nivel que puedas describir
Si solo sabes que buscas ropa, empieza por ropa. Si ya sabes que quieres una chaqueta ligera, la categoría general se queda corta y conviene pasar a chaquetas con una pista de clima o uso.
El nivel correcto es aquel en el que puedes explicar por qué dos resultados pertenecen a la misma comparación.
Reconoce una categoría demasiado amplia
Cuando aparecen productos con funciones, tallas o señales técnicas incompatibles, la categoría ya no está reduciendo incertidumbre. Añade uso, formato, material aparente o una subcategoría.
Si aun así la lista sigue mezclada, vuelve a la guía y cambia de ruta antes de abrir más pestañas.
Una pregunta para decidir el siguiente paso
Pregúntate qué dato falta para comparar: silueta, talla, compatibilidad, capacidad o referencia visual. La respuesta indica si necesitas otra categoría, una guía o una búsqueda externa más concreta.
No uses una categoría como prueba de stock, calidad o fiabilidad. Solo organiza la exploración inicial.
Alcance de la revisión
Qué se comprobó y qué queda fuera
Revisamos la claridad de este método, sus enlaces internos y la forma de la salida externa. No verificamos stock, precio, materiales, autenticidad, calidad ni fiabilidad de vendedores.
Rutas relacionadas
Siguiente paso
Continúa cuando la categoría ya no mezcle necesidades distintas
Una consulta concreta debe conservar la categoría y añadir la señal que realmente separa los resultados.